18 enero, 2022
El concepto de desarrollo sostenible como tal se puede rastrear hasta 1987, pues fue en el informe Brundtland en donde lo definieron como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”. Es a partir de esta definición que se ha generado un paradigma internacional que nos ha traído hasta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Estos son una iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que tienen como objetivo hacer un llamado universal a tomar acción frente a temas como la pobreza, la paz, equidad de género y el medio ambiente.
Existen 17 de estos objetivos, uno de ellos es el ODS número 6 sobre agua y saneamiento. De manera general, lo que se busca es un acceso universal y equitativo a agua potable, servicios de saneamiento e higiene, mayor eficiencia en la gestión del recurso y reducir la contaminación y sobreexplotación. Todo esto conlleva distintos retos, más aún si se consideran las condiciones en las que nos encontramos hoy en día y las prospectivas que se tienen para el 2030.
Además, cuando hablamos del agua es importante no verlo como sólo un recurso gestionado por el Estado o utilizado por parte del sector privado. El agua es un derecho humano. Siendo éste un bien fundamental para el sostenimiento de la vida, tenemos que recordar que también se trata de la salud de las personas. Las limitaciones al acceso de agua potable provoca la muerte de miles de personas diariamente a causa de enfermedades diarréicas prevenibles. Sin olvidar que la sobreexplotación y degradación de los cuerpos de agua puede provocar alteraciones en la actividad y salud de los ecosistemas.
Acercándonos a la región de América Latina y el Caribe, a pesar de que en ésta se encuentra un tercio del agua dulce del planeta, millones de personas en la región aún carecen de una fuente adecuada de agua potable. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “28 millones de personas carecen de acceso a una fuente de agua mejorada, 83 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento mejorado”. Además, los habitantes que viven en zonas rurales o en las zonas marginadas de las grandes ciudades son quienes más retos enfrentan para tener acceso al agua potable.
Para el caso de México, el cuidado del agua y el mejoramiento en la gobernanza de la misma es un tema de mayor prioridad. Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), México ocupa el lugar 89 entre 177 países en términos de disponibilidad natural de agua. Es decir, que se encuentra entre los países con menor disponibilidad de agua (SEMARNAT, 2013: 270, Guevera, 2010). Los temas que complican la situación del país son: la ubicación hidrogeográfica de los distintos estados, la desigualdad en el acceso a servicios, las inversiones en tecnología e innovación y la corrupción.
Los alarmantes datos que nos da el Gobierno de México nos dicen que 12 millones de personas carecen de agua potable. Además de los 653 acuíferos que existen en México, 106 se encuentran sobreexplotados. Las y los mexicanos se enfrentan a problemáticas desde distintos frentes, ya lo podemos ver en la Ciudad de México pues las alcaldías que se encuentran en el oriente —las más marginalizadas— son aquellas que cuentan con menos resiliencia y mayor propensión a inundaciones, al tiempo que son las zonas que se enfrentan a una recurrente crisis de abastecimiento de agua.
¿Qué se necesita? Nuevas ideas, alternativas que nos encaminen hacia la sustentabilidad, la resiliencia y el cuidado del agua. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se requiere duplicar el promedio del gasto en investigación y desarrollo, específicamente, destinar recursos —económicos y humanos—a la“innovación e investigación en materia de aguas”. Las respuestas tradicionales no han sido suficientes y los problemas ya están aquí. Se requieren soluciones innovadoras.
Un ejemplo de innovación en materia de agua en la Ciudad de México es el proyecto casAgua. Es un fondo de inversión no convencional, que busca incubar startups de agua y energía, en un inicio con rondas de inversión semilla. Específicamente en productos relacionados con las TIC’s que puedan hacer el manejo de ambos recursos eficiente, útil y accesible para todas las personas, por medio de la transparencia de los datos de la calidad, el gasto o el consumo.
Actualmente, casAgua está promoviendo su primera convocatoria de inversión (del 17 de enero al 11 de febrero) para encontrar ideas, conceptos o proyectos de negocio en etapa temprana con el objetivo de lograr en ellos estabilidad y seguridad económica. Ser seleccionado y formar parte del ecosistema de startups de casAgua conlleva los siguientes beneficios: mentoría y conocimiento en gestión de la empresa, tecnología, oficina y espacio de trabajo, laboratorio de pruebas y una inversión de $300,000 a $3,000,000.
A partir de esto, casAgua busca contribuir al país con el desarrollo de startups innovadoras que ofrezcan soluciones radicales y que realmente generen un impacto positivo en los rubros del desarrollo económico, social y ambiental, así como ganancias y rentabilidad para los emprendedores de startups.
References:
Desarrollo sostenible e innovación en agua para la CDMX